dissabte, 1 de juny del 2013

[Orto emperador]

451 grados Fahrenheit, otra vez. Bradbury salvó sus libros dos pensamientos antes del fin del mundo. Con ellos se extendió la memoria de la destrucción, y la destrucción misma.
451 grados Fahrenheit, otra vez. Los daños son menores ahora. El escaso papel que sobrevivió a la primera desolación fue confinado en seguros museos. Los hombres, entonces, aprendieron a decir a través de los ordenadores, hasta que estos, a su vez, aprendieron a callarlos y a relegarlos al precario rol de servidores personales de PC's [SPPC].
Sin embargo, desde la pasada noche, incontables ingenios cibernéticos protagonizan lo que podría entenderse como un suicidio colectivo. Tras arrojarse por las ventanas de sus domicilios, sus cables y plásticos envoltorios cubren las calles y en sus pantallas, con dramático reverbero, lucen lomos y portadas de libros, algunos de los cuales pierden las hojas e incluso las letras. Los SPPC, apenas conmovidos por el sacrificio de sus mentores, sí creen notar, empero, un ligero desorden mental y punzadas en las yemas de sus dedos de algo que asocian con la nostalgia. Están a punto de pedir algo, aunque aún no recuerdan qué. Una lejana voz apunta: "al museo, vayamos al museo".

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