divendres, 30 d’octubre del 2015

EL FELIZ ENCUENTRO

A la sombra espiritual de las ruinas del llobregatense castillo de los fieles, y con ocasión de una comida, nos disfrutamos ayer, como hacía tanto que no sucedía, mi amigo Jordi-Jiménez-Gamero-Jorge-Gamero-Jordi-Gamero-él-casi-Él y yo. De nada divino hablamos, todo fue carne y, como decía el poeta chileno, naufragio, pero con bien y en playa segura resuelto. La literatura guarnecía los temas de conversación como una necesidad no menos que como una exquisitez culinaria. Pero inevitablemente la política, como el comino, aportó su aspereza, si bien no logró imponer su sabor más allá del reconocimiento de su concurso y sus cualidades. Así, preguntándonos en qué momento se encuentra la (literatura) poesía catalana, recordé, aunque no las mencioné por razones obvias, unas palabras proemiales de Jordi Virallonga a su "Sol de sal. La nueva poesía catalana. Antología 1976-2001", obra cuya primera edición data de septiembre de 2001. Pese a los catorce años transcurridos, considero incuestionable su vigencia. Dicen como sigue: "Ojalá que el siglo XXI la coloque [a la poesía catalana] en el lugar de honor que le corresponde y se le preste la atención que merece, especialmente en los países de habla castellana, pues en general, y aunque parezca mentira, el desconocimiento de la poesía catalana, sin ir más lejos en el Estado Español, es monumental, aunque menos en Galicia y el País Vasco, pues la relación entre sus literaturas y la catalana es frecuente, incluso se celebra un encuentro anual entre ellas, llamado 'Galeusca'. Es, por ejemplo, sintomático el hecho de que muchos de los poetas aquí antologados, aun habiendo sido traducidos a varias lenguas, vasco y gallego incluidos, nunca lo hubieran sido al castellano".

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