dijous, 5 de novembre del 2015
EL SUEÑO DE CHICHINABO
Sueñan, sueñan, sueñan, sueñan. Sueñan sin parar los ciudadanos en la calle, sueñan un sueño colectivo que se olvida al regresar a sus hogares. Con Nueva York sueñan -ilusión de toda la vida-, como antes con Londres; sueñan con eurodisney, suplantación capitalina de la Francia prescindible entre ignorantes; sueñan un sueño asiático, sueñan con fotografiar el infierno de los hombres desgraciados desde la seguridad del turista satisfecho y afortunado o moderno "descubridor". Sueñan tras cada reprogramación televisiva; sueñan, como los corderos no sueñan; desbarran, como no pueden las ovejas cuando los paren. Sueñan los ciudadanos en la calle con los sueños pergeñados en las altas oficinas del invisible estado seráfico-consumista; sueñan y no paren nada que con gusto ajeno no les haya sido inoculado. Sueñan sin preguntarse si el sueño es de su carne.
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